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Pulseras, Aros y Anillos II
Los anillos se usan como adorno de la mano ya desde
el antiguo imperio egipcio, según lo han revelado los hallazgos realizados
en sus tumbas. No parece que fuera conocido por los caldeos y asirios pero sí
por los persas, fenicios, griegos, etruscos, romanos y demás pueblos
occidentales, y hasta se ha encontrado aunque en forma muy sencilla en sepulturas
prehistóricas de la primera edad de los metales.
El material empleado en los anillos ha sido por lo común el oro, anillos
de oro, la plata, anillos de plata, el bronce,
anillos de bronce y el hierro, anillos de hierro,
sin que hayan faltado anillos de marfil, anillos de
ámbar y anillos de vidrio. En ocasiones, los
fabricados con materiales menos nobles se hallan recubiertos por una lámina
de oro.
No siempre se destinaron los anillos a ser ornamento de la mano, sino que,
a menudo sirvieron exclusivamente para sellar y otras veces se aprovecharon
para suspenderlos en los collares o para moneda o bien como objeto simbólico,
de distinción y como superstición.
Ni en todos los pueblos ha sido uniforme y libre la costumbre de adornarse
las personas con anillos pues mientras que las tribus indígenas
los han llevado hasta en los dedos de los pies, los pueblos civilizados se los
ponían únicamente en la mano derecha o en ambas manos, ya en todos
los dedos ya en el dedo medio o en el anular tan sólo. Entre los romanos
fue privativo de las clases nobles o distinguidas el uso de anillos de oro
hasta que Septimio Severo, a finales del siglo II lo concedió al ejército
y posteriormente, Alejandro Severo lo extendió a todo ciudadano romano.
En la actualidad, existe una infinidad de modelos y formas de anillos,
así como también infinidad de diseños de distinción,
como anillos con incrustaciones de piedras como rubíes,
anillos con esmeraldas, anillos con pelos de elefante
y anillos con diamantes.
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