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Lozas y Porcelanas Antiguas
Las lozas son trozos modelados de terracota que se esmalta
o barniza, porosa, absorbente y de alta opacidad. La pasta de terracota está
conformada por una mezcla de arcillas blancas varias unidas
e integradas con tierras silíceas calcinadas. De acuerdo al tipo de arcilla
dependerá el color luego de la cocción en hornos especiales, donde
se podrán ver tonos de amarillo, pardo, negro o rojo. Este material una
vez cocido, logra una gran dureza y una alta resistencia. La impermeabilización
de la loza se logra con una laca o barniz fluído que debe contener sílice,
minio, galena y blanco de plomo, todo esto pulverizado e integrado con agua
antes de la cocción.
La loza llegó hasta nosotros desde la antigüedad. En
territorio de la Península Ibérica, la alfarería
nazarí de Málaga fue la más famosa. Este tipo
de alfarería empleaba técnicas que habían
llegado desde Oriente en el siglo X. Cerca del año 1310, los moros alfareros
la llevaron a Valencia.
La loza más moderna llega en el siglo XVII, desde Inglaterra,
y de allí exportada por toda Europa.
La porcelana es un material cerámico de color blanco, duro,
traslúcido y no poroso. Fue desarrollado y trabajado en China alrededor
de los siglos VII y VIII.
La porcelana es una cerámica cuya
materia a moldear no se halla en forma ni en estado natural. Ésta se
obtiene luego de una sofisticada elaboración, y su composición
es de arcilla blanca, caolín y feldepasto. La cocción se hace
a altas temperaturas y en varias etapas.
La porcelana más común que hallamos se da en adornos,
sobre todo en jarrones, platos de colgar, cucharas y floreros de origen Chino,
dando mayor importancia a las pinturas que se estampan en ella y al diseño
antiguo que presentan, con sus ribetes con pinturas de oro
y con motivos pertenecientes a la cultura china.